¿Para qué sirven las licencias?

La Prensa
John A. Bennett N.
June 2, 2016

El primer sinónimo de “licencia” es “permiso”, lo que me trae a la mente aquella época de mi juventud, cuando tenía que pedirle permiso a papi y mami para hacer casi todo. De manera que la pregunta que les planteo es: ¿Cuál es el propósito de las licencias? ¿Se ha formulado, usted, esta pregunta? Y el licenciamiento al que estamos habituados, ¿llena sus cometidos? ¿Existirán límites a esta patología?

Cree usted, que en caso de que mañana decidiéramos legislar para poner fin a todo sistema de licenciamiento, ¿se sumiría el país en el caos?

Curiosamente, el estado de Carolina del Norte, en Estados Unidos, aprobó una ley para abolir el licenciamiento de 15 profesiones, incluyendo algunas como cerrajero, consejero pastoral y acupunturista. ¿Cree usted que se descolgarán las estrellas del firmamento debido a semejante ley?

Del otro lado de la moneda surgen preguntas como: ¿Por qué necesitamos permiso para ganarnos el sustento?

Es posible que en algunos casos se pueda justificar, en mayor o menor grado, el requerimiento de licencia; pero en muchos otros no. ¿Y, acaso el Estado y sus acólitos son garantía de seguridad que reemplace el criterio del ciudadano?

¿Cuántas veces le ha pedido a un médico que le muestre su licencia? Y no solo que se la muestre, sino que usted pueda constatar su validez y el grado de competencia del galeno. Los únicos que piden licencia en este país son los agentes de tránsito y, a menudo, la motivación nada tiene que ver con la seguridad.

En mi caso, cada día compro más productos a través de Amazon, porque me he convencido de que puedo lograr mejores precios y más información acerca de los productos; así como obtener la retroalimentación de otros consumidores. Yo mismo opino sobre los productos que he comprado, y todo esto se publica y afecta en buena media al productor.

En contraposición, he ido a negocios locales en los que me atienden mal y los despachadores, que llamamos “vendedores”, tienen muy poco conocimiento del producto o, peor, me dicen “no hay”. Luego lo busco y allí está lo que quería o su sucedáneo.

No creo que el Estado ofrezca la mejor opción en las garantías de seguridad y calidad. Basta ver los desastrosos sistemas de transporte público para advertirlo, sin hablar de otros. Es curioso que hoy el mejor servicio de transporte sea el que no está licenciado. Pero si se fijan bien, es el que tiene un buen sistema de retroalimentación, que no viene del Estado sino de los propios consumidores.

Para lo que sí sirven los esquemas de licenciamiento centralizado es para la coima y para encarecer toda la producción, sin dar a cambio seguridad y calidad. Nuevamente, esto demuestra que estamos frente a una sociedad que delega a los zorros el cuidado de los gallineros. Y no me cabe duda de que si se lo permitimos, nos exigirán licencia hasta para besar a la novia.

En fin, ¿qué grado de seguridad y calidad nos brinda el Estado en materia de educación central y demás? Resulta ¡tan cómodo! delegar nuestras responsabilidades, pero poco nos fijamos en los sistemas descentralizados que sí ofrecen garantías de calidad.

Y, nuevamente, le corresponde al ciudadano licenciar con su dinero, pues es ilusión pensar que el Estado lo hará bien. Si no velamos por una ciudadanía libre y crítica, ningún sistema de gobierno nos brindaría más garantías que “meticherías”. Pero hemos cultivado sistemas de sumisión por tanto tiempo, que ya nos gusta ser sumisos.

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